Rojo y negro
Rojo y negro —Descoulis tiene que estar en mejores relaciones con el poder de lo que pensamos —añadió el señor de Croisenois.
—SerÃa menor bajeza ponerse de rodillas —dijo el señor de Luz.
—Mi querido Sorel —dijo Norbert—, usted que es hombre inteligente, pero acaba de llegar de sus montañas, intente no saludar nunca como lo hace ese gran poeta, ni tan siquiera a Dios padre.
—¡Ah, ahà llega el hombre ingenioso por excelencia, el señor barón Bâton! —dijo la señorita de La Mole, imitando levemente la voz del lacayo que acababa de anunciarlo.
—Creo que hasta los criados se burlan de él. ¡Qué apellido, barón Bâton! —dijo el señor de Caylus.
—«¿Qué más da el apellido?», nos decÃa el otro dÃa —añadió Mathilde—. «ImagÃnese la primera vez que anunciaron al duque de Bouillon[37]; en lo que a mà se refiere, al público solo le falta acostumbrarse un poco…»