Rojo y negro
Rojo y negro La señora de Rênal era tan feliz que se atrevió a decir a Julien:
—¿No me reñirá usted mucho a mis pobres niños?
—¿Reñirlos yo? —dijo Julien extrañado—. Y eso ¿por qué?
—¿Verdad, caballero —añadió ella, tras un breve silencio y con una voz en que la emoción iba creciendo a cada instante—, que será bueno con ellos? ¿Me lo promete?