Rojo y negro
Rojo y negro —¡Bien, bien! —le dijo un dÃa el señor de La Mole—. ¿Asà que ahora somos el hijo natural de un acaudalado noble del Franco Condado que es amigo Ãntimo mÃo?
El marqués interrumpió a Julien, quien querÃa asegurar que él no habÃa contribuido en modo alguno para acreditar ese rumor.
—El señor de Beauvoisis no ha querido decir que se ha batido en duelo con el hijo de un carpintero.
—Lo sé, lo sé —dijo el señor de La Mole—; ahora me toca a mà dar consistencia a ese relato, que me conviene. Pero tengo una merced que pedirle que solo le costará media horita de su tiempo: todos los dÃas en que haya función de ópera, vaya al vestÃbulo a las once y media para presenciar la salida de la gente de buena sociedad. TodavÃa le veo a usted a veces hechuras provincianas, deberÃa perderlas; por lo demás, no está de más conocer, al menos de vista, a grandes personajes a los que podrÃa alguna vez decirle que fuera a ver con un cometido. Pase por la taquilla y dese a conocer; tiene usted paso franco.