Rojo y negro
Rojo y negro —Puesto que no le resultan demasiado aburridas estas visitas que tiene la bondad de hacerle a un pobre anciano enfermo —le dijo el marqués—, tendrá que contarle todos los menudos incidentes de su vida, pero con sinceridad y sin pensar en nada que no sea narrar de forma clara y divertida. Porque hay que divertirse —siguió diciendo el marqués—; es lo único real que hay en la vida. No hay hombre que pueda salvarme la vida en la guerra a diario, o regalarme un millón todos los dÃas; pero si tuviera todos los dÃas a Rivarol aquÃ, junto a mi meridiana, me quitarÃa una hora de sufrimiento y de hastÃo. Lo traté mucho en Hamburgo en tiempos de la emigración.
Y el marqués le refirió a Julien las anécdotas de Rivarol con los moradores de Hamburgo, que se juntaban para entender entre cuatro un chascarrillo.