Rojo y negro
Rojo y negro Estas medidas le dejaron tan claros al marqués sus negocios que pudo darse el gusto de meterse en dos o tres especulaciones más sin recurrir a su testaferro, que le robaba.
—Quédese con tres mil francos para usted —le dijo un dÃa a su joven ejecutor.
—Señor, podrÃan calumniar mi comportamiento.
—¿Qué precisa, pues? —preguntó el marqués, malhumorado.
—Que tenga a bien disponer una partida y anotarla de su puño y letra en el registro; en esa partida se me concederá la cantidad de tres mil francos. Por lo demás, toda esta contabilidad se le ha ocurrido al padre Pirard.
El marqués, con la expresión de aburrimiento del marqués de Moncade atendiendo a las cuentas del señor Poisson, su intendente[40], puso por escrito la decisión.