Rojo y negro
Rojo y negro —Que el señor marqués se digne tolerar que rechace este regalo. No va dirigido al hombre de frac negro y estropearÃa por completo los modales que tiene la bondad de tolerar en el hombre de frac azul.
Saludó muy respetuosamente y salió sin mirarlo.
Este detalle le hizo gracia al marqués. Se lo contó por la noche al padre Pirard.
—Tengo que confesarle algo por fin, mi querido padre. Estoy al tanto de los orÃgenes de Julien y lo autorizo a guardarme el secreto de esta confidencia.
«Su comportamiento de esta mañana es noble —pensó el marqués—; y yo lo ennoblezco.»
Poco tiempo después, el marqués pudo salir por fin.
—Vaya a pasar dos meses a Londres —le dijo a Julien—. Los correos extraordinarios y otros más le llevarán las cartas que reciba yo y mis anotaciones. Redactará las respuestas y me las remitirá, adjuntando las cartas a su respuesta. He calculado que el retraso será solo de cinco dÃas.
Viajando en la mala camino de Calais, Julien se extrañaba de la futilidad de los supuestos negocios a que lo enviaban.