Rojo y negro
Rojo y negro —Ha ido a buscar esta condecoración que aquà ve —le dijo el marqués—. No quiero que se quite usted el frac negro y me he acostumbrado al tono más ameno que uso con el hombre del frac azul. Hasta nueva orden, que quede claro esto: cuando vea esta condecoración, será usted el hijo menor de mi amigo el duque de Chaulnes que, sin saberlo, lleva seis meses trabajando de diplomático. Tome buena nota —añadió el marqués— de que no pretendo sacarlo de su estado. Es siempre un error y una desgracia tanto para el protector cuanto para el protegido. Cuando se aburra de mis pleitos o cuando no me convenga ya usted, pediré que le den una buena parroquia, como la de nuestro amigo el padre Pirard, y nada más —añadió el marqués con un tono muy seco.
Aquella condecoración puso a gusto el orgullo de Julien: habló mucho más. Creyó con mucha menor frecuencia que lo ofendÃan o que era el blanco de esas frases que pueden interpretarse como poco educadas y, en una conversación animada, se le pueden escapar a cualquiera.
Dicha condecoración le valió una visita singular: la del señor barón de Valenod, que habÃa ido a ParÃs a darle las gracias al Ministerio por su baronÃa y a tratar con él. Iban a nombrarlo alcalde de Verrières para sustituir al señor de Rênal.