Rojo y negro
Rojo y negro —En tal caso —respondió Julien con mucha frialdad— solicito el puesto de director del depósito de mendicidad para mi padre.
—¡En buena hora! —dijo el marqués volviendo a poner cara risueña—. Concedido; me estaba esperando consideraciones morales. Se va usted formando.
Julien se enteró por el señor de Valenod de que el titular del despacho de loterÃa de Verrières se acababa de morir; a Julien le pareció gracioso darle ese puesto al señor de Cholin, aquel viejo estúpido cuya solicitud habÃa recogido tiempo atrás en la habitación del señor de La Mole. El marqués se rio muy a gusto con la solicitud que Julien le recitó mientras le hacÃa firmar la carta que le pedÃa el puesto al ministro de Finanzas.
Nada más recibir el señor de Cholin el nombramiento, Julien se enteró de que aquel puesto lo habÃa solicitado la diputación del distrito para el señor Gros, el famoso geómetra; aquel hombre generoso solo contaba con mil cuatrocientos francos de renta y todos los años le prestaba seiscientos francos al titular recién fallecido para ayudarlo a criar a su familia.