Rojo y negro
Rojo y negro «¡Cuánto me desagrada esa grandullona! —pensĂł, mirando cĂłmo andaba la señorita de La Mole, a quien habĂa llamado su madre para presentarle a varias amigas suyas—. Exagera todas las modas; el vestido le cae desde los hombros… Está aĂşn más pálida que antes del viaje… El pelo lo tiene descolorido de tan rubio como es; ¡es como si la luz lo atravesara!… ¡Cuánta altanerĂa en esa forma de saludar y en esa mirada! Y ¡quĂ© ademanes de reina!» La señorita de La Mole acababa de llamar a su hermano cuando este iba a salir del salĂłn.
El conde Norbert se acercĂł a Julien.
—Mi querido Sorel —le dijo—, ¿dónde quiere que lo recoja a medianoche para ir al baile del señor de Retz? Me ha pedido expresamente que lo lleve.
—Bien sé a quién le debo tantas bondades —contestó Julien con una reverencia hasta el suelo.
Como su mal humor no pudo dar con nada que reprocharle al tono cortĂ©s, e incluso lleno de interĂ©s, con el que le habĂa hablado Norbert, se despachĂł con la respuesta que Ă©l, Julien, habĂa dado a esas amables palabras. VeĂa en ellas un matiz servil.