Rojo y negro
Rojo y negro En ese instante, el marqués de Croisenois se encaminaba con gran diligencia hacia la señorita de La Mole. Estuvo un ratito a tres pasos de ella sin poder avanzar más porque no se lo permitÃa el gentÃo. La miraba, sonriendo por el obstáculo. La joven marquesa de Rouvray estaba a su lado, era una de las primas de Mathilde. Iba del brazo de su marido, que solo llevaba siéndolo quince dÃas. El marqués de Rouvray, muy joven también, era presa de ese amor tan bobalicón que se adueña de todo hombre que, al hacer un matrimonio de conveniencia que han arreglado de principio a fin los notarios, se encuentra con una mujer hermosÃsima. El señor de Rouvray iba a ser duque cuando muriera un tÃo de edad muy avanzada.