Rojo y negro
Rojo y negro No faltan personas en la buena sociedad que quieren dejar claro que no hay nada de tan mal tono como una conspiración; apesta a jacobino. Y ¿hay algo más feo que un jacobino que fracasa?
Los ojos de Mathilde se burlaban con el señor de Croisenois del liberalismo de Altamira pero lo escuchaba con gusto.
«Un conspirador en un baile es un contraste muy bonito», pensaba. Veía en este, con sus bigotes negros, la imagen del león en reposo, pero no tardó en darse cuenta de que solo tenía una actitud mental: lo útil, la admiración por lo útil.
Con la excepción de aquello que pudiera dar a su país el gobierno de dos Cámaras, al joven conde le parecía que nada merecía su atención. Se apartó gustosamente de Mathilde, la mujer más seductora del baile, porque vio entrar a un general peruano.
Tras perder las esperanzas en lo referido a Europa, al pobre Altamira no le quedaba más remedio que pensar que, cuando los Estados de América del Sur sean fuertes y poderosos, podrán devolverle a Europa la libertad que Mirabeau les envió a ellos[41].