Rojo y negro
Rojo y negro —Ya no existe el ridÃculo —decÃa el señor de La Mole— en un paÃs en que hay dos partidos.
Su hija habÃa entendido esa idea.
—Asà que, caballeros —les decÃa a los enemigos de Julien—, se habrán pasado toda la vida teniendo miedo y luego les dirán:
Y no era un lobo, que solo era su sombra.[52]
Mathilde no tardó en dejarlos. La frase de su hermano la horrorizaba; la dejó muy preocupada; pero al dÃa siguiente veÃa ya en ella el más hermoso de los elogios.
«En este siglo, en que cualquier energÃa está muerta, sus energÃas asustan. Le diré la frase de mi hermano; quiero ver qué me contesta. Pero escogeré uno de esos momentos en que le brillan los ojos. En esas ocasiones no puede mentirme.