Rojo y negro
Rojo y negro «¡Cuánto me gustarĂa que se enfadase! —dijo Julien—. Con quĂ© aplomo le darĂa ahora una estocada. —Y hacĂa el ademán de la estocada en segunda—. Antes de eso yo era un patán que abusaba vilmente de cierta valentĂa. DespuĂ©s de esta carta, soy su igual.
»Sà —se decĂa con voluptuosidad infinita y hablando despacio—, han sopesado los mĂ©ritos del marquĂ©s y los mĂos y el pobre carpintero del Jura gana.
»¡Ah! —exclamó—. Ya he dado con la firma de mi respuesta. No vaya a figurarse usted, señorita de La Mole, que me olvido de mi estado. Haré que entienda y que note bien que es por el hijo de un carpintero por quien traiciona a un descendiente del célebre Guy de Croisenois, que fue con san Luis a las cruzadas.»
Julien no podĂa contener la alegrĂa. No le quedĂł más remedio que bajar al jardĂn. Su cuarto, donde se habĂa encerrado con llave, le parecĂa demasiado estrecho para poder respirar.