Rojo y negro
Rojo y negro —Estoy aquÃ, caballeros —les dijo al final de su alocución—, para enseñarles latÃn. Ya saben en qué consiste tomar una lección. Aquà está la Santa Biblia —dijo, enseñándoles un tomito in-52 encuadernado en negro—. Es, en particular, la historia de Nuestro Señor Jesucristo, esa parte que llaman el Nuevo Testamento. Yo les tomaré la lección muchas veces, ahora tómenmela a mÃ.
Adolphe, el mayor de los niños, habÃa cogido el libro.
—Ãbralo al azar —prosiguió Julien— y dÃgame la primera palabra de un párrafo. Y yo recitaré de memoria el libro sagrado, norma de conducta para todos nosotros, hasta que usted me detenga.
Adolphe abrió el libro, leyó una palabra y Julien dijo toda la página con la misma facilidad que si estuviera hablando en francés. El señor de Rênal miraba con expresión triunfal a su mujer. Los niños, al ver lo asombrados que estaban sus padres, abrÃan unos ojos como platos. Se presentó un criado en la puerta del salón. Julien siguió hablando en latÃn. El criado, al principio, se quedó quieto y luego se esfumó. No tardaron en llegar a la puerta la doncella de la señora y la cocinera; para entonces Adolphe ya habÃa abierto el libro por ocho sitios y Julien seguÃa recitando con la misma facilidad.