Rojo y negro
Rojo y negro —De ninguna manera; está usted reservado para más altos destinos: si se marcha, será al norte… e incluso, recurriendo a términos militares, queda usted acuartelado en este palacete. Me va a obligar a no estar nunca fuera más de dos o tres horas; puedo necesitarlo en cualquier momento.
Julien se despidió y se retiró sin decir nada, dejando al marqués muy extrañado; no estaba en condiciones de hablar, se encerró en su cuarto. Ya en él, quedó libre para desorbitar toda la atrocidad de su destino.
«¡Asà que no puedo ni siquiera alejarme! —pensaba—. ¡Dios sabe cuántos dÃas me hará quedarme en ParÃs el marqués! ¡Santo cielo! ¿Qué va a ser de mÃ? Y ¡ni un amigo a quien poder consultar! El padre Pirard no me dejarÃa acabar la primera frase; el conde Altamira me propondrÃa que me apuntara a cualquier conspiración.
»Y, sin embargo, estoy loco; me doy cuenta. ¡Estoy loco!
»¿Quién podrá guiarme? ¿Qué va a ser de m�»