Rojo y negro
Rojo y negro »Si hay una revolución, ¿por qué no iba a desempeñar Julien Sorel el papel de Roland y yo, el de la señora Roland[61]? Prefiero ese papel al de la señora de Staël: la conducta inmoral será un obstáculo en nuestro siglo. No podrán reprocharme desde luego una segunda flaqueza; me moriría de vergüenza.»
No todas las ensoñaciones de Mathilde eran tan serias, menester es reconocerlo, como estos pensamientos que acabamos de trascribir.
Miraba a Julien; veía un atractivo delicioso en sus mínimas acciones.
«Seguramente —se decía— he conseguido destruir en él incluso la idea más diminuta de que tenga derechos.