Rojo y negro

Rojo y negro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Julien era demasiado infeliz y, sobre todo, estaba demasiado alterado para intuir una maniobra tan complicada, fruto de la pasión; y menos aún pudo ver cuán favorable le era. Fue la víctima; nunca quizá había sido tan tremendo su dolor. Su inteligencia mandaba tan poco en lo que ocurría que si algún filósofo mohíno le hubiera dicho: «Piense en sacar partido sin tardanza a las buenas disposiciones que vayan a resultarle favorables; en esa clase de amor intelectual que se ve en París, la misma forma de ser no puede durar más de dos días», no lo habría entendido. Pero, por exaltado que estuviera, Julien tenía honor. Su primer deber era la discreción; lo entendió. Pedir consejo, contar su tormento al primero que pasara, habría sido una felicidad comparable a la del desventurado a quien, según cruza un desierto ardiente, le cae del cielo una gota de agua helada. Se percató del peligro, temió responder con un torrente de lágrimas al indiscreto que le preguntase algo; se encerró en su habitación.

Vio a Mathilde pasear mucho rato por el jardín; cuando por fin se marchó, bajó y se acercó a un rosal del que ella había cogido una flor.




👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker