Rojo y negro
Rojo y negro —¿Me da su palabra de honor? —preguntó el marqués, súbitamente solemne.
—SÃ, señor marqués; solo el temor de no cumplir esa palabra podrÃa perturbarme la memoria.
—Es que se me olvidó preguntarle esto ayer: no le pido que me jure que no repetirá nunca lo que va a oÃr; lo conozco demasiado para insultarlo asÃ. He salido fiador por usted y voy a llevarlo a un salón donde se reunirán doce personas; tomará nota de lo que diga cada una de ellas.