Rojo y negro
Rojo y negro —Pues sÃ, querido amigo —le dijo al prÃncipe—, me ve en Estrasburgo muy enamorado e incluso abandonado. Una mujer deliciosa que vive en una ciudad cercana me ha dejado plantado después de tres dÃas de pasión, y ese cambio me mata.
Le describió al prÃncipe, con nombres fingidos, el comportamiento y el carácter de Mathilde.
—No concluya —dijo Korázov—; para que vea que se puede fiar de su médico, voy a terminar yo la confidencia. El marido de esa joven tiene una fortuna enorme, o más bien pertenece ella a la más rancia nobleza del paÃs. Tiene que estar orgullosa de algo.
Julien asintió con la cabeza; no tenÃa ya valor para hablar.
—Muy bien —dijo el prÃncipe—; he aquà tres medicinas bastante amargas que tiene que tomar sin dilación:
»Primo. Ver a diario a la señora… ¿cómo dice que se llama?
—Señora de Dubois.