Rojo y negro
Rojo y negro —A una gazmoña por excelencia, hija de un comerciante en medias inmensamente rico. Tiene los ojos más bonitos del mundo, y que me gustan mucho; no cabe duda de que en la comarca ocupa el primer puesto; pero, entre todas esas grandezas, se avergüenza tanto que se desconcierta si a alguien se le ocurre mencionar el comercio o a los tenderos. Y, por desgracia, su padre era uno de los comerciantes más conocidos de Estrasburgo.
—De esa forma, si alguien menciona la palabra «industria» —dijo el prÃncipe— tendrá la seguridad de que su dama pensará en sà misma y no en usted. Esa ridiculez es divina y útil a más no poder; le impedirá tener el mÃnimo momento de locura junto a esos ojos tan hermosos. El éxito está asegurado.
Julien estaba pensando en la mariscala de Fervaques, que iba mucho por el palacete de La Mole. Era una forastera muy guapa que se habÃa casado con el mariscal un año antes de su muerte. Su vida entera parecÃa no tener más razón que conseguir que se olvidasen de que era la hija de un industrial y, para ser alguien en ParÃs, encabezaba el partido de la virtud.