Rojo y negro
Rojo y negro Julien estuvo en un tris de aceptar; pero el deber lo llamaba a presencia del importante personaje; al despedirse de Korázov prometió escribir. Recibió la respuesta a la nota secreta que habÃa llevado y se fue enseguida a ParÃs; pero, en cuanto estuvo solo dos dÃas seguidos, irse de Francia y separarse de Mathilde le pareció un suplicio peor que la muerte. «No me casaré con los millones que me ofrece Korázov —se dijo—, pero voy a seguir sus consejos.
»A fin de cuentas, el arte de seducir es su oficio; no piensa sino en eso desde hace quince años, puesto que tiene treinta. No puede decirse que careza de talento; es sutil y cauteloso; es imposible que el entusiasmo y la poesÃa se den en esa clase de carácter: es un procurador; razón de más para que no se equivoque.
»No queda más remedio: voy a cortejar a la señora de Fervaques.
»Es muy posible que me aburra un tanto, pero miraré esos ojos tan hermosos y que tanto se parecen a los que más me han querido en este mundo.
»Es forastera; una nueva forma de ser que observar.
»Estoy loco, me ahogo, tengo que seguir los consejos de un amigo y no fiarme de mÃ.»