Rojo y negro

Rojo y negro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
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Se sentaron a la mesa. Por fin apareció la señorita de La Mole, siempre fiel a su costumbre de hacerse esperar. Se puso muy colorada al ver a Julien; no la habían avisado de su llegada. Ateniéndose a la recomendación del príncipe Korázov, Julien le miró las manos: le temblaban. Turbado él también más de lo que podría decirse con aquel descubrimiento, tuvo la suerte de parecer solo cansado.

El señor de La Mole cantó sus alabanzas. La marquesa le dirigió la palabra un momento después y le elogió el aspecto de cansancio. Julien se decía continuamente: «No debo mirar demasiado a la señorita de La Mole, pero tampoco debo rehuirla con la vista. Tengo que parecer como era realmente ocho días antes de mi desgracia…» Tuvo motivos para quedar satisfecho del éxito obtenido y se quedó en el salón. Atento por primera vez con la dueña de la casa, se esforzó cuanto pudo por hacer hablar a los hombres de su círculo y animar la conversación.







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