Rojo y negro
Rojo y negro Mathilde casi se habÃa olvidado de él durante el viaje. «En realidad —pensaba— no es sino una persona corriente; su nombre me recordará siempre la mayor falta de mi vida. Hay que volver de buena fe a las ideas vulgares de honestidad y honor; una mujer que las olvida puede perderlo todo.» Se mostró dispuesta por fin a que se llevase a cabo el compromiso con el marqués de Croisenois, que llevaba tanto tiempo dispuesto. Este estaba loco de alegrÃa; se habrÃa quedado atónito si alguien le hubiera dicho que habÃa resignación en el fondo de ese sentimiento de Mathilde que tanto lo enorgullecÃa.
Todas las ideas de la señorita de La Mole cambiaron al ver a Julien. «En verdad que ese es mi marido —se dijo—; si vuelvo a las ideas de honestidad, está claro que es con él con quien debo casarme.»