Rojo y negro
Rojo y negro Julien se asomó a la sala en el acto, apoyándose de forma bastante grosera en la barandilla del palco: vio a Mathilde; tenÃa los ojos relucientes de lágrimas.
«Y eso que hoy no les tocaba venir a la Ópera —pensó Julien—. ¡Qué afán!»
Mathilde habÃa convencido a su madre para ir a la Ópera Bufa pese a lo inadecuado de la situación del palco que una amiga obsequiosa de la casa se habÃa apresurado a poner a su disposición. QuerÃa ver si Julien iba a pasar la velada con la mariscala.