Rojo y negro
Rojo y negro Por la noche, confesó a Mathilde esa segunda causa de pena y luego, al extraviarlo su amor, le confesó también la primera.
A ella se le cambió el color.
—¡De verdad consideraría usted una desgracia pasar seis meses alejado de mí! —le dijo.
—Inmensa; la única en el mundo que vea con terror.
Mathilde fue muy feliz. Julien se había atenido a su papel con tanta aplicación que había conseguido hacerle creer que, de los dos, la más enamorada era ella.
Llegó el martes fatal. A medianoche, al volver a casa, el marqués se encontró con una carta con las indicaciones precisas para que la abriese personalmente y solo cuando no hubiera testigos.
Padre: