Rojo y negro

Rojo y negro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Callaba, pero no se iba. Presenciar esa hipocresía vulgar divirtió a Julien. Pensó: «Tengo que tenerlo mucho rato esperando los cinco francos que quiere por venderme su conciencia».

Cuando el carcelero vio que la cena concluía sin ningún intento de seducción, dijo con expresión falsa y mansa:

—La ley que le tengo, señor Julien, me obliga a hablar; aunque digan que va en contra de los intereses de la justicia, porque puede valerle para preparar su defensa… El señor Julien, que es un buen muchacho, se alegrará si le digo que la señora de Rênal está mejor.

—¡Cómo! ¿No ha muerto? —exclamó Julien, fuera de sí.

—¿Cómo? ¿No lo sabía? —dijo el carcelero con una expresión de pasmo que no tardó en convertirse en avaricia gozosa—. Sería muy justo que el señor le diera algo al cirujano, quien, según la ley y la justicia, no debía decir nada. Pero para agradar al señor fui a su casa y me lo contó todo…

—En resumidas cuentas, la herida no es mortal —le dijo Julien, perdiendo la paciencia—. ¿Me lo juras por tu vida?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker