Rojo y negro
Rojo y negro —La deshonra no puede prender en un apellido como el de usted. Será viuda y la viuda de un loco, y nada más. Diré más: como el impulsor de mi crimen no fue el dinero, no será deshonroso. Es posible que en esas fechas algún legislador filósofo haya conseguido que los prejuicios de sus contemporáneos permitan suprimir la pena de muerte. Entonces alguna voz amiga dirá, poniéndolo de ejemplo: «Ya ven, el primer marido de la señorita de La Mole era un loco, pero no un mal hombre ni un bandido. Fue absurdo cortar esa cabeza… Y entonces mi memoria no será ya infame; al menos pasado cierto tiempo… Su posición en sociedad, su fortuna y, permÃtame decirlo, su talento le permitirán al señor de Croisenois, que ya será su marido, desempeñar un papel que solo no podrÃa alcanzar. Él únicamente tiene estirpe y valor, y esas prendas, que por sà solas hacÃan un hombre cabal en 1729, son un anacronismo un siglo después y solo crean pretensiones. Se necesitan más cosas para situarse al frente de la juventud francesa.
»Usted aportará la ayuda de un carácter firme y emprendedor al partido polÃtico en que meta a su marido. Podrá ser la sucesora de las Chevreuse y de las Longueville de la Fronda… Pero en esa época, mi buena amiga, el fuego celestial que la anima ahora mismo ya se habrá templado un poco.