Rojo y negro
Rojo y negro ¿Qué podrán oponer a ese hecho sus enemigos? La herida fruto de uno de esos momentos de locura que mis propios hijos notaban en su preceptor tiene tan poco peligro que menos de dos meses después me ha permitido ir por la posta de Verrières a Besançon. Si llegase a saber, caballero, que titubeaba mínimamente en sustraer a la barbarie de las leyes a una persona tan poco culpable, me levantaría de esta cama donde solo me retienen las órdenes de mi marido e iría a postrarme a sus pies.
Declare, caballero, que la premeditación no está probada y no tendrá que reprocharse la sangre de un inocente, etc., etc.