Rojo y negro
Rojo y negro «Vamos a intentar no dar que reÃr a ese bribón de Valenod —pensó Julien—. ¡Con qué expresión contrita y socarrona ha pronunciado la declaración que trae consigo la pena de muerte! Mientras que el buenazo del presidente, por muy juez que lleve siendo desde hace tantos años, tenÃa lágrimas en los ojos al condenarme. ¡Qué alegrÃa para el Valenod vengarse de nuestra antigua rivalidad por la señora de Rênal…! ¡Asà que ya no volveré a verla! Se acabó… Es imposible un último adiós entre nosotros, lo noto… ¡Qué feliz habrÃa sido si hubiera podido decirle todo el espanto que me inspira mi crimen!
»Solo estas palabras: creo que mi condena es justa.»