Rojo y negro

Rojo y negro

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»Si la señora de Rênal estuviera aquí, en este calabozo, en vez de Mathilde, ¿habría podido yo responder de mí? Mi tremenda desesperación y mi tremendo arrepentimiento los hubieran tomado los Valenod y todos los patricios del país por innoble temor a la muerte; ¡son tan orgullosos esos corazones flacos que su posición pecuniaria coloca por encima de las tentaciones! “¡Ya ven lo que pasa cuando nace uno hijo de carpintero! —habrían dicho los señores de Moirod y de Cholin, que acaban de condenarme a muerte—. Puede llegar a ser sabio y hábil, pero ¡el coraje!… el coraje no se aprende.” Incluso esta pobre Mathilde, que ahora está llorando, o, mejor dicho, que no puede seguir llorando —dijo, mirando esos ojos encarnados… y la abrazó: ver un dolor verdadero le hizo olvidar el silogismo…—. Es posible que se haya pasado la noche llorando —se dijo—, pero ¡día llegará en que este recuerdo la avergüence muchísimo! Considerará que la extravió en la primera juventud la forma de pensar baja de un plebeyo… Croisenois es lo bastante débil para casarse con ella y a fe mía que hará bien. Mathilde le dará un papel que desempeñar

usando ese derecho de las almas capaces

sobre las almas torpes de los hombres vulgares.[82]


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