Rojo y negro
Rojo y negro Estaba a punto de mostrar algún síntoma de flaqueza o de arrojarse sobre el sacerdote y estrangularlo con la cadena cuando se le ocurrió la idea de rogar al hombre santo que fuera a decirle una buena misa de cuarenta francos ese mismo día.
Ahora bien, ya eran casi las doce de la mañana: el sacerdote se fue volando.