Rojo y negro

Rojo y negro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En cuanto a Julien, salvo en los momentos que le robaba la presencia de Mathilde, vivía de amor y sin pensar casi en el porvenir. Por un curioso efecto de esa pasión, cuando es extremada y sin fingimiento alguno, la señora de Rênal compartía casi del todo esa despreocupación y esa alegría.

—Antes —le decía Julien—, cuando habría podido ser tan feliz cuando paseábamos por los bosques de Vergy, una ambición fogosa me arrastraba el alma hacia comarcas imaginarias. ¡En vez de estrechar contra el pecho ese brazo adorable que tan cerca de los labios tenía, el porvenir me robaba a ti! Estaba entregado a los incontables combates que habría tenido que reñir para levantar una fortuna colosal… Habría muerto sin conocer la felicidad si no hubiese usted venido a verme a esta cárcel.

Dos sucesos alteraron esa vida sosegada. El confesor de Julien, por muy jansenista que fuera, no se libró de una intriga de los jesuitas y, sin pretenderlo, se convirtió en instrumento suyo.

Acudió un día a decirle que, a menos de cometer el espantoso pecado de suicidio, debía dar todos los pasos posibles para conseguir el indulto. Ahora bien, como el clero tenía mucha influencia en París, en el ministerio de Justicia, había un medio fácil: tenía que convertirse de forma sonada…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker