Rojo y negro
Rojo y negro —¡De forma sonada! —repitió Julien—. ¡Ah, padre, con que esas tenemos! Usted también haciendo teatro como un misionero…
—Su edad —siguió diciendo muy serio el jansenista—, la apariencia fÃsica atractiva que le dio la Providencia, el propio motivo del crimen, que sigue siendo inexplicable, los pasos heroicos que la señorita de La Mole prodiga en su favor, todo, en fin, incluso el pasmoso afecto que le demuestra la vÃctima, todo ha contribuido a convertirlo en el héroe de las mujeres jóvenes de Besançon. Por usted, se han olvidado de todo, incluso de la polÃtica…
»Su conversión serÃa una campanada en sus corazones y dejarÃa en ellos una impresión profunda. Puede ser usted de enorme utilidad para la religión e ¡iba yo a titubear por la frÃvola razón de que los jesuitas harÃan eso mismo en ocasión semejante! Y asà ¡incluso en este caso particular que escapa a su rapacidad, seguirÃan haciendo daño! Que no suceda tal cosa… Las lágrimas que correrán con su conversión anularán el efecto corrosivo de diez ediciones de las obras impÃas de Voltaire.