Rojo y negro
Rojo y negro No pudo volver a este centro y consiguió entonces que lo admitieran en el seminario mayor de Grenoble, pero, tras pasar un mes en él, sus superiores lo consideraron indigno de los cometidos a los que aspiraba y lo expulsaron sin esperanzas de poder regresar. Su padre, irritado, no quiso verlo más. No pudo, a fin de cuentas, hallar asilo sino en casa de su hermana casada que vivía en Brangues.
¿Fueron estos rechazos consecuencia de la manifestación de unos principios reprobables y de graves yerros de conducta? ¿Se creyó Berthet víctima de una persecución secreta del señor Michoud, a quien había ofendido? En las cartas que escribió por entonces a la señora Michoud había reproches violentos y difamaciones. Pese a ello, el señor Michoud llevaba a cabo gestiones para favorecer al antiguo preceptor de su hijo.
Berthet consiguió acomodo a continuación en casa del señor de Cordon como preceptor. Había renunciado ya por entonces a la Iglesia, pero, pasado un año, el señor de Cordon lo despidió por razones no del todo claras y que parecen tener que ver con una nueva intriga. Volvió a pensar en la carrera que había sido la meta de todos sus esfuerzos: el estado eclesiástico. Pero hizo, y pidió a otros que hicieran, peticiones inútiles a los superiores de los seminarios de Belley, de Lyon y de Grenoble. No lo aceptaron en ningún sitio; entonces se adueñó de él la desesperación.