Apocalipsis
Apocalipsis De vuelta en Las Vegas, la ejecución pública de Larry y Ralph se convierte en un espectáculo grotesco. Multitudes se agolpan. Flagg observa desde su trono, creyéndose aún en control. Pero en el instante final, Trashcan aparece con la bomba, delirando. Un aura eléctrica llena el aire. Una figura brillante —el Hombre Radiante— se manifiesta. No viene a hablar. Viene a cerrar el ciclo.
—Es el fin— dice Larry, justo antes del estallido.
La ojiva detona. La explosión borra Las Vegas del mapa. El trono del Mal es arrasado no por manos humanas, sino por la propia corrupción que generó. Flagg desaparece en un destello, su risa ahogada en la luz. Los seguidores mueren sin comprender. Nadie escapa.
En el desierto, Stu Redman, solo y enfermo, escucha el trueno. Cree que todo ha terminado. Pero no está solo. Tom lo encuentra. Lo cuida. Lo lleva de vuelta. La bondad, la lealtad, han vencido al horror.
Pero la guerra no fue el final. Solo el precio.
El invierno llega a Boulder con un silencio espeso, como si incluso la nieve temiera hacer ruido. Stu regresa, demacrado pero vivo. Tom Cullen lo salvó, guiado por sueños y fe. El reencuentro con Frannie es doloroso y hermoso. Han perdido amigos, han vencido al Mal, pero la victoria no es celebración. Es duelo.