Apocalipsis
Apocalipsis El Comité se disuelve. Las estructuras que formaron para sobrevivir ya no son necesarias. Ahora deben decidir cómo vivir. Frannie da a luz a su hijo, Peter. Por primera vez desde el apocalipsis, un ser humano nace en libertad. Pero poco después, el niño enferma. La peste parece regresar. El miedo aprieta las gargantas.
Frannie se encierra en la habitación con el bebé. Ora. Llora. Ruega. —No puedes llevarte también esto— susurra. Pero el niño sobrevive. Es inmune. La nueva generación está a salvo. Es la prueba de que la humanidad puede comenzar de nuevo sin el veneno del pasado.
Y sin embargo, una pregunta flota: ¿volveremos a destruirlo todo?
Frannie y Stu dejan Boulder. Viajan hacia Maine, buscando paz, anonimato. En una cabaña alejada, Frannie se cae en un pozo. Queda inconsciente, atrapada, vulnerable. Stu corre por ayuda, pero en su ausencia, algo llega. Un extraño. Un hombre que parece Flagg. —¿Quieres vivir, Frannie? ¿Quieres que tu bebé viva?—. Ella lo rechaza, con una fuerza que nace del alma. El hombre desaparece. Y Frannie se salva.
En otro rincón del mundo, Randall Flagg renace con otro nombre, ante una tribu primitiva que lo adora. No ha muerto. El Mal cambia de rostro, pero no muere. Flagg sonríe. Su reinado puede comenzar de nuevo.
El ciclo se repite.