Después de medianoche
Después de medianoche Silencio absoluto.
Y luego, un murmullo.
Leve, pero presente.
Laurel se detuvo en la entrada de la terminal.
—¿Escucharon eso?
Albert y Bethany se giraron.
—¿Qué?
Laurel tragó saliva.
—Voces.
Nadie más las oyó.
Pero Dinah sÃ.
En la pista, la niña ciega alzó la cabeza, con los ojos velados por el miedo.
—Se están acercando.
Don Gaffney se tensó.
—¿Quién, cielo?
Dinah tragó saliva.
—Los langolieros.
Y entonces el aire cambió.
Era el mismo olor rancio, la misma sensación de vacÃo. Pero ahora era algo más.
Algo hambriento.
Albert miró por la ventana de la terminal, hacia la pista.
Y vio el horizonte.
Algo se movÃa en él. Algo negro, irregular.
Y se estaba acercando.