Después de medianoche
Después de medianoche Nick inspeccionó un teléfono de emergencia. Descolgó el auricular. Silencio.
La terminal era un cascarón sin alma. Los relojes digitales marcaban la hora, pero sus números parecían… lentos. Como si estuvieran atrapados en una pausa infinita entre segundos.
—Esto no es solo un aeropuerto vacío —susurró Albert—. Esto es algo más.
Rudy, en la torre de control, tocó un micrófono de radio.
—¿Alguien me recibe? Aquí vuelo 29 de American Pride. Solicitamos contacto inmediato. Cambio.
Nada.
Pero un sonido bajó por la frecuencia.
No estática. No interferencia.
Era como un crujido. Algo mascando.
Brian se acercó al panel, giró perillas, intentó cambiar la frecuencia.
—Repite, torre de control. Aquí vuelo 29. Cambio.
El sonido aumentó.
Un chirrido húmedo, como dientes triturando huesos.
Nick frunció el ceño.
—Cierra eso.
Brian cortó la transmisión y el sonido desapareció de inmediato.