Después de medianoche
Después de medianoche Las tiendas estaban abastecidas, los mostradores de boletos lucÃan listos para recibir pasajeros, pero no habÃa nadie. Ningún empleado, ningún viajero, ni siquiera el molesto sonido de anuncios por altavoces.
Y ese aire...
Nick se pasó la lengua por los labios.
—Sabe… rancio.
—¿Cómo dices? —preguntó Brian.
—El aire. No tiene sabor.
Lo entendieron al instante. El aire normal tenÃa partÃculas, polvo, vida flotando en él. Este no. Era plano, sin peso, sin olor.
—Esto no es normal —murmuró Albert.
Dinah, aún en la pista, se aferró a Laurel.
—No me gusta este lugar.
—A nadie le gusta, cariño —susurró Laurel, pero sintió un escalofrÃo.
Porque Dinah temblaba.
Brian decidió lo obvio.
—Necesitamos respuestas. Comida, agua, radios… Lo que sea.
Se dividieron. Brian, Nick y Rudy revisarÃan la torre de control. Laurel, Albert y Bethany Simms buscarÃan en la terminal. Dinah se quedarÃa con Don Gaffney, un hombre mayor con aire sereno, que intentaba calmarla.
Caminaron, cada paso resonando con un vacÃo insoportable.