Después de medianoche
Después de medianoche Cuando el vuelo 29 aterrizó, Brian Engle había esperado caos. Alarmas sonando, vehículos de emergencia, personal corriendo por la pista al ver un avión aterrizar sin previo aviso. Pero lo que encontraron fue peor.
El asfalto parecía… viejo. Como si hubiera estado abandonado por años. Las luces de la pista funcionaban, pero su resplandor era antinatural, como la luz de un sol eclipsado. Las terminales se erguían imponentes, sin un solo reflejo en sus ventanales. Los coches en el estacionamiento estaban ahí, perfectamente alineados, pero sin signos de vida.
Y entonces, estaba el aire.
Nick Hopewell bajó la rampa con una sensación de opresión en el pecho. Dio unos pasos y el sonido de sus propios pasos le llegó con un ligero retardo. No eco, sino un desfase.
—Dios santo —susurró Laurel, abrazándose los brazos.
Los once pasajeros se reunieron en la pista, inquietos. Albert Kaussner frotó sus brazos, mirando a su alrededor.
—¿Dónde están todos?
Brian Engle no tenía respuestas. Caminó hacia la terminal con Nick y Rudy Warwick tras él. Las puertas automáticas no se abrieron. Brian empujó y el vidrio deslizó sin resistencia.
El interior del aeropuerto era una tumba.