Después de medianoche
Después de medianoche Brian Engle salió de la cabina, esperando ver a su tripulación. No había nadie. Ni el copiloto, ni los asistentes de vuelo. Solo los pocos pasajeros que quedaban. Su garganta se secó.
—¿Qué demonios está pasando aquí?
Nick intentó mantener la calma.
—¿Cuántos éramos en este vuelo?
—Más de cincuenta pasajeros y una tripulación completa —respondió Brian con voz tensa.
Nick miró alrededor.
—Ahora apenas somos once.
Laurel dejó escapar un jadeo. Albert se aferró al reposabrazos. Dinah sintió que el miedo le trepaba la espalda como una sombra helada.
—¿Dónde están los demás? —preguntó Rudy, su tono exigiendo respuestas que nadie tenía.
Silencio.
Brian se obligó a actuar. Volvió a la cabina y verificó la radio. No había señal. Intentó comunicarse con la torre de control. Nada.
Afuera, el amanecer comenzaba a teñir el horizonte de un azul pálido. El avión seguía en ruta, pero algo no encajaba. Brian revisó el radar y su mandíbula se tensó.
No había otros aviones en el aire. Ni torres de control respondiendo. Ni tráfico aéreo.
Era como si fueran los únicos en el cielo.
