El resplandor
El resplandor DÃas después, la familia subÃa por la carretera de montaña en su Volkswagen, serpenteando hacia el hotel. El cielo era azul metálico, y la nieve ya se acumulaba en los bordes. Al llegar, fueron recibidos por Dick Hallorann, el cocinero, un hombre de sonrisa ancha y ojos sabios. Sintió algo apenas vio a Danny. Algo poderoso.
—Tú tienes el resplandor, chico —dijo Dick en voz baja, mientras los otros no escuchaban—. Como mi abuela y yo. Puedes ver cosas que otros no ven. Sentir lo que está por venir.
Danny tragó saliva.
—Hay cosas malas aquÃ, ¿verdad?
Hallorann miró hacia el corazón del hotel. Su expresión se tensó.
—SÃ. Y algunas están dormidas. Pero si las despiertas... solo grita con la mente. Yo vendré. Te lo prometo.
El hotel era una bestia dormida, cada pasillo un intestino enroscado, cada habitación un órgano palpitante de historia vieja y manchada. En el desván, documentos sobre antiguos dueños muertos en circunstancias extrañas. En la alfombra, patrones hipnóticos que parecÃan moverse al reojo.
