El visitante
El visitante Fue entonces cuando decidió contactar con Holly Gibney.
La investigadora llegó a Flint City con una pila de expedientes y un rostro de absoluta determinación. Se sentó frente a Ralph en una cafetería desierta y dejó caer sobre la mesa un sobre manila.
—He investigado casos similares —dijo, sin preámbulos—. Siempre el mismo patrón: un crimen atroz, un culpable con pruebas irrefutables en su contra… pero con una coartada imposible.
Ralph abrió el sobre y sacó las fotografías. Un hombre en Texas. Otro en Ohio. Uno más en Tennessee. Diferentes nombres. Diferentes víctimas.
Pero la misma historia.
—Cada vez que atrapan a uno, aparecen pruebas de que estaba en otro lugar —continuó Holly—. Seis meses después, ocurre otro crimen en una ciudad diferente. Y el patrón se repite.
Ralph sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué estás diciendo?
Holly lo miró con seriedad.
—Que alguien… o algo… está copiando personas. Y luego las destruye.
El silencio se expandió entre ellos.
—¿Un imitador? —Ralph intentó racionalizarlo.