El visitante
El visitante La incredulidad de la gente se transformó en murmullos venenosos.
—¿Es una broma? —susurró alguien.
—Debe ser un malentendido —dijo otro.
—Ese hombre dio clases a mi hijo.
Anderson le dio la vuelta a Terry y le colocó las esposas. El hombre perfecto atrapado en hierro frío.
El fotógrafo del Flint City Call disparó una ráfaga de imágenes. Al día siguiente, la foto de Terry Maitland con el rostro desencajado y la boca entreabierta aparecería en la portada del periódico con un solo titular: MONSTRUO ENTRE NOSOTROS.
Las hijas de Terry sollozaban detrás de la reja de protección. Marcy se aferró a la alambrada como si pudiera atravesarla y arrancarle las esposas a su esposo.
—¡Díganme qué está pasando! ¡Terry, di algo!
Pero él solo la miró, su expresión transformándose de sorpresa en algo más oscuro. Rabia. Miedo.
Los agentes lo empujaron hacia la patrulla. El partido quedó en pausa. El bate de Trevor Michaels cayó al suelo con un golpe seco. Nadie se movía.
La caravana de patrullas se perdió entre las calles de Flint City.
Y entonces, la grieta en la realidad.