En la hierba alta
En la hierba alta Ross la observa. Sus ojos brillan como si hubiera visto a Dios y se hubiera vuelto loco por el privilegio. Su cuerpo, desgastado por el tiempo que ha pasado allÃ, se mueve con una determinación ciega. Él no guÃa a Becky. La arrastra hacia su destino.
—Todo es más simple una vez que entiendes el ciclo —le dice.
Becky ya no distingue si está despierta o soñando. El bebé se mueve dentro de ella, como si también percibiera el cambio. Sabe que Cal está cerca, pero no puede oÃrlo. La hierba los separa como muros vivientes. El tiempo ya no fluye de forma lineal. El sol no baja. La tarde eterna se estira como una maldición.
Cal, mientras tanto, se encuentra atrapado en un bucle. Cada vez que salta, el paisaje ha cambiado. La iglesia se aleja más. El coche parece haber desaparecido. Se aferra a su cordura repitiendo el nombre de su hermana como un mantra.
—Becky... Becky... voy por ti...
Pero la hierba se cierra tras él. Lo arrastra hacia un punto fijo. Una zona donde no hay insectos, ni viento, ni luz real. Solo silencio.
AllÃ, encuentra más cuerpos. Algunos recientes. Otros convertidos en huesos. Todos alrededor de la piedra.
Tobin aparece. Lo mira con una mezcla de tristeza y aceptación.