En la hierba alta
En la hierba alta —¿Dónde estás? —grita Cal.
—Aquà mismo —responde Becky, aunque él la escucha como si viniera de todas partes y ninguna.
Intentan mantenerse en contacto hablando sin parar. Becky recita rimas absurdas, viejos versos de su infancia. Cal responde con bromas, tratando de mantenerla tranquila. Pero la ansiedad crece. Saltan para verse entre la hierba, pero lo que encuentran es aún más desconcertante: Cal ve a Becky apenas a unos metros, pero cuando aterriza, su voz vuelve a sonar desde lejos. No hay lógica. La hierba los mueve sin moverse.
El terreno también cambia. Cal cae al suelo una y otra vez. Barro tibio, pegajoso, cubre sus piernas. Una de las veces, se topa con algo más: un perro muerto. Un golden retriever hinchado, cubierto de moscas y larvas. El hedor le da arcadas. No lleva dÃas ahÃ, lleva semanas. O más. Al lado del perro, una placa con el nombre de Tobin.
Becky, mientras tanto, siente contracciones. Su cuerpo se revela contra el caos. Tiene miedo. Está embarazada y no puede correr. Pero sigue adelante. Cree escuchar a Cal a pocos pasos, luego a sus espaldas. Luego, frente a ella otra vez. La confusión se convierte en pánico.
—¡Cal! —grita—. ¡Estoy teniendo calambres! ¡No sé si son contracciones!
