La niebla
La niebla Un murmullo creciente se alzó entre la multitud. Alguien corrió hacia las puertas automáticas, pero un hombre mayor, con el uniforme de la tienda, las cerró de golpe.
—¡No salgan! —gritó—. ¡Hay algo ahà fuera!
El pánico, contenido hasta entonces, explotó. Voces, gritos, sollozos. En segundos, Federal Foods se transformó de un refugio seguro en una trampa de cristal.
David apretó a Billy contra su costado, su corazón martillando en su pecho.
La niebla habÃa llegado.
Y habÃa traÃdo algo consigo.
La puerta de Federal Foods quedó cerrada con un sonido sordo y definitivo. Como si, en ese instante, el mundo exterior hubiera dejado de existir, devorado por la niebla que lamÃa los ventanales con dedos invisibles. Dentro, la tensión era un animal salvaje, jadeante en cada rincón.
David sujetaba a Billy con fuerza. A su alrededor, rostros conocidos —gente del pueblo, vecinos, amigos de rostro cordial y ahora deformados por el miedo— se agrupaban en pequeños cÃrculos, murmurando, especulando, buscando desesperadamente respuestas que nadie podÃa dar.