Misery
Misery —¿Qué es esto, Paul? —preguntó un dÃa, sosteniendo una hoja arrugada.
Paul sintió cómo el pánico se instalaba en su estómago.
—Un borrador. Puedo arreglarlo…
Annie dejó la página sobre la mesita con una calma aterradora.
—No, Paul. No puedes arreglarlo. Porque ya la estás matando de nuevo.
—¡No es asÃ! —intentó defenderse—. Solo… solo estoy probando una nueva dirección para la historia.
Annie se inclinó hacia él, su aliento tibio y dulzón.
—No me mientas, Paul. Sé lo que intentas hacer. Pero no te preocupes…
Se enderezó y caminó hacia la puerta. Antes de salir, dijo en voz baja:
—TodavÃa tienes mucho que aprender.
Los dÃas se fundieron en semanas.
Paul vivÃa con miedo. Miedo a que Annie se enojara, miedo a equivocarse en el libro, miedo a que un dÃa no despertara en esa cama.