Mr. Mercedes
Mr. Mercedes Lo que él no sabe —aún— es que al otro lado de la ciudad, Brady Hartsfield, el autor de la carta, observa. Vive con su madre alcohólica, trabaja en una tienda de informática y de helados, pero su vida real ocurre en la oscuridad de su sótano. Allà guarda su máscara, su computadora, y su odio.
—Él mordió el anzuelo —susurra, y sonrÃe.
La carta del asesino actúa como descarga eléctrica en la vida de Bill Hodges. Lo arranca de la apatÃa y lo lanza nuevamente al terreno del juego mental, ese que conoce demasiado bien. Aunque ya no lleva placa ni pistola, su instinto de policÃa sigue intacto. Decide no informar a la policÃa. No todavÃa. Este es su caso, su cuenta pendiente.
En el fondo, no es solo justicia lo que busca. Es redención. O tal vez venganza.
Bill comienza a investigar el sobre y el texto. Analiza las palabras, el tipo de tinta, las pistas ocultas. Todo le huele a arrogancia. A un asesino que quiere ser cazado... pero solo por él. Inicia una estrategia silenciosa: retomar contactos, repasar informes antiguos, y vigilar el vecindario por si el autor reaparece.
