No tengas miedo
No tengas miedo —Es alguien que estuvo adentro —dice a Izzy—. Y quiere que lo entiendan. Que comprendan su lógica antes de actuar.
El rompecabezas comienza a cerrarse, pero la pieza central sigue oculta. Hasta que una coincidencia rompe el velo: un error mínimo en el nombre de Warwick, mal escrito como “Louis” en lugar de “Lewis”. Holly recuerda que alguien en su pasado lo escribió así también. ¿Pero quién?
La duda la acompaña como un nudo en la garganta.
En paralelo, Stewart realiza su primer intento. Una víctima marcada. Un plan minucioso. Pero algo falla: una niña que no debía estar ahí, un perro que ladra antes de tiempo. Se retira. No es miedo. Es cálculo. Su plan no admite errores. Debe ser perfecto.
—La expiación no puede fallar —se repite.
Holly, ahora obsesionada, empieza a notar cosas en Stewart. Su forma de hablar. La cadencia de ciertas frases. Pequeñas reacciones cuando se menciona a Duffrey. Lo observa como si fuera un reflejo distorsionado. Pero no se atreve aún a decirlo en voz alta.
Porque si está en lo cierto, Barbara está durmiendo junto a un asesino.